Turno3

CAPÍTULO III – Mira las estrellas

Aslan no se encontraba bien, tenía un terrible dolor de cabeza. La capitana Dream la tenía tomada con él y le había estado gritando absurdas órdenes toda la mañana. Se sentía terriblemente mareado. Shagga, Ellaria y Serenere lo acompañaron a la enfermería, en donde esperaban que el Pulgar pudiera recetarle algo.

-Muchachos, ¿qué hacéis por aquí?

-Aslan se encuentra fatal –le informó Ellaria.

-Sí, tengo una jaqueca espantosa. ¿No tendrás alguna aspirina por ahí?

-Bueno, échate en la camilla y ahora miro que tengo por aquí.

El “doctor” de la nave registró sus cajones, pero no encontró nada relevante (y si lo había hecho, como no tenía ni idea de medicina, lo paso por alto). Cogió el fonendoscopio y se lo puso al paciente sobre el pecho, que eso siempre quedaba bien.

-Diga treinta y tres.

-Treinta y tres.

-¡Ufff! Esto va a ser grave. Vamos a tener que amputar.

-¿¿¿AMPUTAR???

-Sí, es lo único que puede salvarte. Compañeros, sujetadlo –les rogó Pulgar.

Ellaria le impidió levantarse haciendo fuerza con el palo de la fregona sobre su pecho. Mientras tanto, los idunnomates de Serenere aparecieron de no se sabe dónde y sujetaron a Aslan por brazos y piernas.

-¿Pero qué estáis haciendo? ¡Qué este loco me va a matar!

-Tranquilo, si lo dice el doctor es por tu bien –le susurró Ellaria cariñosamente.

Pulgar sacó su serrucho y amputó la jaqueca de Aslan a la altura de la nuez. La cabeza rodó por el suelo hasta los pies de Shagga, que no dudó en apropiársela para sus experimentos.

-¡Ya está curado! –anunció el médico levantando triunfalmente los brazos.

-¿Seguro? No se mueve –observó Serenere-. Yo diría que está muerto.

Pulgar le cogió por la muñeca y trato de tomarle el pulso.

-¡Leches! Pues sí, parece que ha fallecido. ¡Qué mala suerte!

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Ahora que la cantina estaba clausurada, Antares había decidido montar un picnic en su observatorio. Las vistas eran espectaculares y era una buena manera de estrechar lazos con sus compañeros. El místico le enseñaba a Nalibia las constelaciones mientras compartían una empanada de pulpo estelar.

-Y esa tan grande de allí es la constelación del Cachopo. ¿Ves la hilera de líneas que hay debajo? Es la guarnición de patatas fritas.

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-¡Oh! ¡Qué bonita! –exclamó Nalibia con verdadera admiración-. ¿Y hay también alguna constelación-palo?

-Uh… Seguro, pero ahora no la localizo.

-¡Allí! ¡Allí! –Señaló la capellana dando botes como una chiquilla-. Mira, esa es la cabeza, el tronco… y esas cuatro estrellas de los lados conforman las extremidades.

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-¡Oye, es verdad! –Antares estaba fascinado-. Además, Mejillonumia está justo en el estómago. Allí tienen un marisco delicioso, así que es una constelación que me cae bien.

-Y esa de allí tiene forma de ataúd –intervino Theon, encantado por poder aportar su granito de arena a la conversación.

-¿Qué? ¡Coff, coff! –A Antares casi se le atraganta la empanada.

-Sí, mirad. Esas son las asas y esas cuatro de allí forman la carcasa…

Sus compañeros lo miraban con expresión desencajada. Theon no tardó en comprender que, por alguna incomprensible razón, los había asustado. Tras un incómodo silencio, se levantó y se retiró discretamente del observatorio.

«¿Por qué espanto a todo el mundo? Si yo soy una persona normal» reflexionaba Theon sin entender la razón de su fama.

Caminó hasta los ascensores para regresar rápidamente a su morgue. Entró, pulsó el botón de la planta baja y espero a que se iniciase el trayecto. Tras unos segundos el ascensor se detuvo en el tercer piso y las compuertas se abrieron. Allí apareció Asha, que se sobresaltó incapaz de ocultar la aprensión que le provocaba el enterrador de la nave.

-Esto… equivocado. Esperaré a que pase el siguiente –se excusó Asha con una sonrisa nerviosa.

Theon no dijo nada y continuó su trayecto en solitario.

«A partir de mañana cambiaré y les demostraré a todos que no soy un cenizo.»

La cabina prosiguió su descenso y cuando apenas quedaban unos centímetros para tocar el suelo…

¡¡Chofffff!!

…un violento golpe la sacudió antes de detenerse.

-¡Hifo de mil padreeeeeeeffffffffffffff!

-¡Aaaaaaaaaaaaaah!

Theon salió fuera y caminó confundido hacía su habitáculo.

«¡Qué raro! Juraría haber escuchado gritar a Sansalayne

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Theon iba en busca de su fiel compañero Shagga. Era el único que le entendía, su alma gemela. Ambos tenían algo muy importante en común, su devoción absoluta por Sadsmile, la divina piedra de fuego. Ya tenían marcadas muchas habitaciones y era hora de prender la primera mecha.

-¡Oh, Sadsmile! El de la pétrea presencia. Amo absoluto del universo. Dame tus bendiciones y en breve te ofreceré el más suculento de los sacrificios.

-¡Chiist! ¡Chiiisst! –chistó alguien.

Theon se detuvo.

-Ven aquí. Mira lo que he encontrado –insistió el desconocido.

El enterrador siguió a la voz hasta una habitación. Allí lo esperaba una figura que sostenía una enorme malla de berberechos.

Theon la miró con cara de circunstancias.

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-¿Qué llevas ahí?

-¡La cena! -bramó reventándole las conchas en la cabeza.


Shagga estaba encantado con los avances de sus experimentos. Combinando el ADN de Aslan con una sandía, había creado al increíble… ¡Hombre Sandía!

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Aunque no hablaba mucho era capaz de escupir miles de pepitas a gran velocidad. Las aplicaciones militares de su descubrimiento eran inimaginables.

-¡Crearé un ejército de hombres sandía e conquistaré el universo como ofrenda a Sadsmile! ¡Ja ja ja!

En esos momentos la voz de Agus sonó por la radio de la nave.

-Queridos compañeros, tengo una mala noticia que daros. Se ha encontrado el cadáver de Theon espachurrado bajo un saco de berberechos. La capellana Nalibia dibujará una oración-palo por su arma. Dentro de una hora nos vemos en la capilla.

El rostro de Shagga se tornó tan pálido como la cara de su viejo compañero.

-¡Nooooooooooo! –chilló desgarradoramente el científico-. Sin mi amado Theon no quiero seguir viviendo.

Y Shagga de descargó el PDF de Tres enanos y pico y se lo leyó hasta morir de aburrimiento.

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En algún lugar de la inmensidad galáctica, el dios Sadsmile rugía de ira.

-Vaya inútiles me he buscado de adoradores. Ni siquiera un churruscadito en mi honor.

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