Prologo

La flamante Cachopolann XII surcaba la nebulosa de Orión superando en dos puntos la velocidad de la luz. Años atrás, La Tierra había seleccionado a sus 16 mentes más brillantes para una misión de vital importancia para el futuro de la especie humana; viajar por el espacio en busca de un planeta capaz de albergar la primera colonia terrícola. Sin embargo, a los elegidos les dio una pereza terrible ir, así que hubo que conformarse con otros 16 individuos random que pasaban por allí.


Acababan de dejar de atrás la nebulosa cuando una luz roja se iluminó en el panel de mandos de Aslan.
-¡Capitana! ¡Capitana! –Exclamó Aslan.
-Lacayo, ¿Qué ocurre? –Dream aprovechaba cualquier oportunidad para demostrar quién mandaba allí.
-Estamos recibiendo lo que parece una señal de socorro de un planeta cercano.
-¿De verdad? Enséñame eso.
Aslan tecleó la orden en su consola y un holograma se proyectó en el centro del puente de mando. Mostraba un planeta desértico con una enorme masa de tierra orbitando a su alrededor.
-Hum… Diría que la señal procede realmente de ese satélite que hay junto a Nevski IV.
-¡Oh! No había caído en eso.
-Claro, por eso yo estoy al mano y tú eres un simple navegante –respondió la capitana.
Agus, que intentaba mantenerse al margen, ignoró el comentario y activó la radio. Envió varias señales a quien quiera que estuviera emitiendo aquella comunicación… pero ninguna obtuvo respuesta.
-Quizás no nos entiendan –aventuró Dream-. El mensaje no se parece a ningún código de comunicación de La Tierra.
-¿Alienígenas?
-Eso creó… -asintió la capitana-. O tal vez, simplemente, no estén en condiciones de contestarnos. Sea como sea, nuestro deber es ir a socorrerlos. Avise al resto; vamos a aterrizar.


La Cachopolann XII se posó a pocos metros de una extraña nave en forma de cuchillo que estaba medio enterrada en el satélite. Era el origen de la señal. Los 16 miembros de la tripulación descendieron por la rampa de embarque y pisaron cautelosamente el viscoso suelo del satélite.
-Es como caminar sobre arcilla -afirmó Ellaria.
Continuaron avanzando hasta la entrada de la nave, que era mucho más grande de lo que aparentaba. Más que cualquier otra construida por el ser humano. En su interior vieron confirmadas sus sospechas, pues fueron directos al puente de mando y allí se toparon con el piloto, o mejor dicho, con lo que quedaba de él. Se trataba de una descomunal cucaracha de casi diez metros de altura desparramada sobre una butaca de navegación acorde a sus proporciones. Iba ataviada con un uniforme estelar azulado, grotescamente abierto por cada una de sus seis patas. Sin embargo, lo más horrible era su cabeza. Estaba atrozmente desfigurada, como si alguien le hubiera arrancado media cara a bocados.
-Creo que voy a vomitar –balcuceó Theon mientras intentaba reprimir una arcada-. Es lo más asqueroso que he visto nunca.
-Eso es porque ayer no probaste el estofado de la cantina –le susurró Madelaf.
Lauerys fue a decir algo, pero entonces se fijó en un objeto que reposaba a escasos metros de la cucaracha gigante.
-¡Mirad allí! –Señaló.
Se acercaron todos. Era una especie de mochila de camuflaje, como la que usaban las fuerzas especiales para guardar sus paracaídas. Dream le hizo gestos a Aslan para que descubriera su contenido.
-Fanfalayne ¡No dejef que lo faga! –Le advirtió a la mujer una visión del tiranosaurio azul que fefea.
Sansalayne trató de detener a Aslan.
-¿Estás seguro? Tengo un mal presentimiento –dijo contemplando la mochila con aprensión.
Aslan no hizo caso y la abrió.
-¡Rouuuuuuughhh!
Emitiendo un estruendoso rugido, un pequeño humanoide de aspecto felino saltó del interior del paracaídas y se abalanzó sobre uno de los presente. Con sus zarpas, apresó la cabeza de su víctima y comenzó a morderle.
-¡Quitad esa cosa de su cabeza! –Chilló alguien.
Uno de los tripulantes golpeó al tigre con una barra de hierro hasta lograr que soltara a su presa. Le propinó dos golpes más, que consiguieron ponerlo en fuga. Cuando pasó el peligro, fue a interesarse por la suerte del herido. Se agachó para valorar su estado, momento en que éste aprovechó para morderle fuertemente la mano.
-¡Eh! ¿Qué haces? ¡Acabo de salvarte la vida –protestó mientras lo apartaba fuertemente de una patada.
-¡Oh! Lo siento –se lamentó el mordedor con el rostro visiblemente avergonzado-. No sé por qué he sentido deseos salvajes de hacerlo. Como si no fuera dueño de mí.

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Horas después, ambos heridos se encontraban descansando en la enfermería de la Cachopolann XII. El que había sufrido el ataque del tigre se incorporó sobre la camilla e interpeló a su compañero.
-Ahora comprendes la verdad.
-Sí –reconoció el otro mientras se tocaba las heridas de su mano.
-Han dejado a nuestro Amo allí fuera, pero no importa. Los muy estúpidos creen que aquella cucaracha había enviado una petición de auxilio… y en realidad se trataba de una señal de advertencia.
-Peligro, no os acerquéis –masculló el otro.
-Exacto. –Se tocó pensativo la cicatriz que surcaba su cara. Sentía un hormigueo muy placentero cuando lo hacía y, por alguna misteriosa razón, despertaba una poderosa fuerza asesina en su interior-. Ahora yo soy el nuevo Amo y tú serás mi cómplice.
-¿Cómplice? ¿Para qué?
-Para matarlos a todos.

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No muy lejos de allí, otras dos personas observaban por un ventanal como la Cachopolann XII abandonaba el satélite dejando atrás la descomunal embarcación alienígena. Habían abortado la misión y subido a los heridos a la enfermería. De todas formas, no parecía que quedasen supervivientes en la nave.
-Cucarachas gigantes, tigres homicidas… el espacio profundo no es lugar para los humanos –recalcó uno de ellos.
-Cierto. Creo que se nos había olvidado para qué estamos aquí.
El primero asintió admitiendo su error. Acto seguido, su compañero le mostró el objeto que guardaba en su bolsillo.
-Piedras ígneas. Las colocas donde desees, sincronizas los temporizadores y… ¡Al rico churrasco de ternera!
-Achicharremos a los herejes en honor al gran dios Sadsmile.
-Convirtámosles en pinchitos morunos.
-¡Barbacoa para todos!
-Esto… Me está entrando hambre, vayamos a la cocina. Es mejor alabar a la Piedra de Fuego con el estómago lleno.
Y los adoradores de Sadsmile se levantaron deseosos de comenzar su pirómana tarea.

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